Entrevista a Diego Bartis

SAN-JULIAN-2Secretaría de Extensión (SE): ¿Dónde estaba ud. cuando se comienza a hablar de una guerra en Malvinas?

Diego Bartis (DB): Yo estaba destinado a la X Brigada Aérea de Río Gallegos…

SE: ¿Ud. era militar de carrera?

DB: Sí, yo soy militar de carrera y estaba en artillería antiaérea.

SE: ¿Qué edad tenía?

DB: 30 años.

SE: ¿Cómo se acuerda de eso? ¿Qué se palpitaba?

DB: La verdad es que yo salí de casa, como todos los días  hacia la Unidad, estando allí me dirigí hasta el hangar para realizar la formación de todo el personal y viene un compañero mío que era el encargado de Batería C.P. Horacio Arroyo y me dice: “necesito tres hombres para ir a Malvinas, yo voy”; “bueno, si vos vas, yo también voy”.

SE: ¿Pero ya sabían?

DB: No, en ese momento nos enteramos que habían tomado Malvinas y debíamos preparar tres cañones para custodiar la pista.-

SE: ¿Qué fecha era?

DB: El 2 de abril

SE: ¿Y no habían escuchado nada?

DB: Nada. Yo llegué a las siete de la mañana, y me dijo eso. Entonces  él me deja a mí la responsabilidad de elegir los cinco soldados. Yo reuní a la tropa y les dije: “yo elegí cinco soldados, si alguno de esos cinco no quiere ir a Malvinas  que venga y me diga, y le buscamos un reemplazo…”. Después y una vez que teníamos todo preparado vino el Jefe que también desplegaba con nosotros y nos dijo que estábamos autorizado a ir a nuestras casas a buscar ropa y poder despedirse de la familia…”

SE: ¿Sabían a qué iban?

DB: Sí, sabíamos que habían tomado Malvinas. Íbamos  por diez días a custodiar la zona del aeropuerto y en especial la pista….

SE: ¿Estaba casado ya?

DB: Sí, estaba casado.-

SE: ¿Tenía hijos?

DB: Sí, una hija… de cinco años. Y un hijo de 13 días. Así que fui y le dije a mi señora que me iba a Malvinas, me preparé un bolso con ropa de civil… a hacer una vida normal, de campaña… ni idea de decir que íbamos a hacer una guerra. Me volví a eso de las once de la noche y el tres de abril, a las siete am, despegó un Hércules a Puerto Argentino. Llegamos a eso de las diez am, desembarcamos, bajamos los tres cañones, y un tractor. Emplazamos el material , uno en la cabecera de pista y los otros dos cerca de la torre de vuelo.- Y ahí estuvimos  hasta el día cinco, solos,  porque el mismo día que nosotros llegamos la gente que había tomado Malvinas regreso al continente.-

SE: ¿A qué distancia ponen los cañones de la pista?

DB: el cañón nuestro es uno que no tiene radar. Entonces tiene que estar del objetivo a defender, a unos seis km, para que los aviones si vienen a atacar a vuelo bajo- van evitando los radares- dispararle y obligarlo a que tome altura para que los cañones con radar lo enganchen y lo derriben. Pero ¿qué pasa? En Malvinas no había tanto espacio, estaba todo muy cerquita. Así que estábamos a sólo 150 mts de los cañones con radar.

SE: Cuando llegan a Malvinas ¿ya se dan cuenta que están en guerra?

DB: No, todo normal, nos juntábamos, tomábamos un mate, charlábamos, de los ingleses nada. Pero empezamos a ver que empezaban a caer aviones, tropas, entonces uno no piensa, pero se empieza a dar cuenta que algo pasa, que los ingleses se preparaban

SE: ¿Por qué ustedes no sabían nada?

DB: Es que nunca se pensó que los ingleses se iban a venir…

SE: O sea, no les ocultaron nada…

DB: No, nunca…

SE: Simplemente no se imaginaron que se iban a venir de allá…

DB: No, claro. Empezaron a pasar los días. Al quinto día ya teníamos los  nueve cañones emplazados,  y vino la gente de Ejército de Mar del Plata y ya instalaron una Batería compuesta por una central de tiro, un radar y dos  cañones .-También aparece la gente de Palomar, instalaron una ametralladora 12,70 mm y se vinieron a la posición mía pues no tenían donde refugiarse.  Queríamos jugar al truco de seis, pero los espacios eran reducidos, entonces le digo a los soldados, “mañana nos vamos a levantar temprano  y vamos a agrandar la  posición” y así lo hicimos, quedó tan grande que parecía un salón de baile. Como yo estaba al lado del camino, era el que recibía la mercadería. Entonces llamaba a los distintos fierros, (así le llamamos a cada cañón). Yo lo llamaba y les daba azúcar, yerba, fideos, galletitas,  dulce de leche…

SE: O sea, ustedes recibían la mercadería y cada uno se arreglaba con la comida. La preparaban como podían… a diferencia de otras fuerzas que tenían comedores, ustedes no.

DB: Sí, por ejemplo la gente nuestra, de Fuerza Aérea,  que tienen los cañones con radar, esos viven todos juntos, son por ejemplo dos dotaciones, una está operando y la otra está trabajando o descansando. Pero en el caso nuestro cada fierro se tenía que hacer de comer con los pocos elementos que hayan conseguido. Un soldado de cada pieza (Fierro) venía a mi posición y retiraba algo de mercadería, que no era mucha.-

En una de las de las repartijas aparecen  dos cajas de chocolate, ambas de color gris, sin etiquetas. Abro una caja y cuento, supongamos que había seis chocolates. Y reparto; abro la otra caja y era chocolate con maní, y los repartí como con la otra caja.- Uno de los soldados que pertenecía a Fierro 6 me mandó al frente: “el cabo principal les dio chocolate con maní y a nosotros chocolate solo…” cuando me entero le digo: “así que vos sos el del chocolate con maní… qué bonito… ya te voy a dar chocolate con maní…” le di un pico, porque no teníamos hacha, y lo mandé a voltear una línea vieja de luz, tres postes de luz. Una vez hecho eso, le pedí que los dividiera al medio, seis medios postes. Los trajeron, los puse inclinados sobre la pared. Les dejé una abertura al medio para que pudiera entrar el más gordo de los cuatro y le pusimos bolsas con arena, con una salida hacia arriba,  en caso de bombardeo naval, nos metíamos ahí. Esa era más o menos la idea. Estábamos terminando la posición nueva y caen tres soldados del ejército. Y querían cambiar unas latas  que adentro tienen ravioles o albóndigas… las hervías durante veinte minutos, las abrías y te las comías. Ellos querían cambiarla por picadillo y galletitas. Bueno, les digo: “¿Saben hacer fuego?”, “Si”, “pues hagan”. Entonces le digo al soldado Viano, que agarrara la carne, y la hiciera toda bife, y yo me fui con el soldado Orozco a unos cañones de la marina que estaban abandonados, y les saqué una chapa, que parecía una pala de punta, pero más larga y gruesa. Cuando volví estaba hecho el fuego, puse la plancha, la calenté, y la limpie con grasa. Viano era el encargado de hacer la comida, así que hizo los bifes, comieron los tres soldados del ejército, los tres míos y yo. Año 1982. En el ‘87 me vengo de la X Brigada Aérea de  Río Gallegos, de pase a la VI aérea de Tandil. Entonces llego a la guardia para presentarme  y decir quién era y me recibe un oficial nuevito, y me dice: “yo a ud. lo conozco: se acuerda los tres soldados que comimos la carne en Malvinas? Uno de esos era yo”. Hoy es un oficial de la Fuerza Aérea. Un día le pregunté por qué se hizo oficial de la Fuerza si el Ejercito lo  había dado de baja en marzo, lo habían reincorporado en abril, y se va a meter en la fuerza aérea. “¿Sabe lo que me llevó a cambiarme de fuerza? El haber compartido un pedazo de carne con usted”.  Para mí todos los soldados eran iguales.

SE:¿Cuándo empiezan a tener la certeza de estar en guerra? ¿Estos chicos de ejército tenían información?

DB: Ya empezamos a ver que se venían. Se escuchaban cosas, que los ingleses, que la isla Ascensión… pero los artilleros somos como las hienas. Vive tirada como un perro, come carroña, pero siempre con una sonrisa. Siempre festejando un cumpleaños… somos así… y decían que se venían y uno se va preparando. Hasta que llega el día 30 de abril. A las cinco de la tarde viene un mayor, Mayorano, y me dice: “¿qué están haciendo?”. “Mantenimiento al chiche”( por el cañon). Sus palabras textuales: “estén atentos porque posiblemente estos hijos de p…  a la madrugada ataquen. Todos los que quieren entrar por tierra desde las 20 hs de hoy hasta las 8 am de mañana deben ser autorizados por el Puesto de Comando. Y todo lo que quiera entrar por aire en esa misma franja debe ser derribado. ¿Alguna duda?”. “No, ninguna”. Entonces yo llamo a los distintos fierros, por ejemplo al fierro seis y al uno, que el seis le avisara al siete, etc… y más o menos nos coordinábamos. Lo llamé al uno… entonces coordinamos que de tal hora a tal hora iban a estar los cañones pares, y de tal hora a tal hora, los impares. Ya que nuestros cañones no pueden operar de noche por no tener Radar  y ademas para que no nos agarren durmiendo, hacíamos guardia.

A eso de las once de la noche cae un camión del ejército y cerca de mi posición había un un puesto de Guardia con personal de Ejército, pero como no tenían equipo de radio, ellos venían a mi posición para que yo llamara al Puesto de Comando y de esa manera ellos decían si estaba autorizado o no. Viene el Cabo 1º del ejército que era el jefe de Puesto y me dice “hay un Teniente Coronel  que trae unas cosas para Fuerza Aérea”. Yo llamo al jefe: “jefe, jefe, fierro ocho”: y le digo lo que me había dicho el Cabo 1º, este me contesta “Negativo”, Entonces le digo: “bueno pibe, decile que no va a poder pasar”. De allá se viene el tipo medio subido a la moto… entonces el soldado Viano le pone el Fal en el pecho: “le ordeno que baje el Fal!”.Pero el soldado Viano carga el Fal. Y me dice: “ordénele que baje el Fal…” y yo estaba que sí que no, me lo repite, y le digo a Viano que lo baje, y al otro que se tranquilice. Entonces llamo al jefe: “jefe, jefe, fierro ocho”. “Prosiga!”. “Acá hay un oficial del ejército que trae un contenedor que no sé qué carajo contiene”. “A ver fierro ocho, mantenga, Dígale que “negativo”. “Recibido”. Le digo: “lo lamento pero no va a poder pasar”. Él había escuchado. “Está bien, pero acuérdese que esto no va a quedar así, porque yo a usted le voy a hacer un consejo de guerra”. Se fueron, no pudieron pasar. Como a la una am, me llaman de nuevo. “Jefe, fierro ocho” “prosiga”; “ahí va a venir el teniente coronel, déjelo pasar. Pero antes que pase dele la Motorola que quiero hablar con él”. Y era el hombre anterior, y estaba re caliente. Se empezó a bajar del jeep y era cada vez más alto. Y le doy la Motorola, y le decía a Mayorano: “vengase para acá que lo voy a reventar!”.  Y Mayorano no podía venir, porque si bien estaba a trescientos metros había cincuenta de bajada y subida, en plena noche, oscura y cerrada. Y el tipo  me ponía el dedo en las costillas: “acuérdese que esto no va a quedar así.” Y me clavaba el dedo… se fue. Y me amenazaba con el consejo de guerra. Entonces le hablo a Mayorano. Estábamos en el canal uno, y le pido de ir al canal 4. Todos los fierros pusieron canal 4 porque son unos chusmas. Y le digo que me estaba amenazando con consejo de guerra, y yo le digo: “si me lo hacen le cuelgo los botines”. “No, quédese tranquilo que no va a pasar nada” y así fue, no paso nada.-

El bombardeo del primero de mayo

DB: Al otro día, ya vino el bombardeo del primero de mayo. A las cinco am mas o menos. Estábamos haciendo el cambio de guardia. Así que nos agarró despiertos. Yo fumaba en esa época, a mi derecha tenía el mar, una bahía y unas playas con olas suaves. Estábamos fumando con el soldado Orozco y en un momento nos quedamos sin palabras porque sentimos un ruido, una luz… ¿cómo te puedo decir…? el ruido apareció de la nada y se prendió y se apagó algo, y empezó el reguero de pepas;  sobre la cabecera de pista había unos aviones de Marina, se veían como si fuera de día, todo el cielo celeste. Las bombas explotaba cada vez más cerca. No atiné a hacer nada. La noche del 30 de Abril había venido un regimiento del ejército y querían hacer noche al lado de unos montículos de piedra. Y vino un oficial de ejército y les ordenó armar las carpas individuales al costado de la pista, a unos veinte metros … y Dios debe ser argentino. Porque ellos dormían  y el bombardeo cayó delante de ellos, a treinta metros y si hubiera caído un poco más atrás no quedaba ni uno. Después del bombardeo le digo al soldado Viano que se subiera a unas piedras y  tirara una ráfaga al aire con el fusil Fal para que los soldados salieran de ese lugar. Luego le digo a Viano que haga café, porque la gente que venía estaban a medio vestir, sin borceguíes ni garibaldinas. De las 21 bombas que tiró el Vulcan, una sola le pegó a la pista.  Y en la orilla. Lo que pasa es que una noche la gente de fuerza aérea había visto en la costa de enfrente unas luces que eran activadas de algún lugar. Personal del G.O.E (Grupo Operativo Especial) las encontró y las cambió de lugar. Entonces el lanzamiento de las bombas cambió su  trayectoria, si no, hubiera sido más paralelo a la pista, no tan perpendicular. De todos modos el bombardeo agarró algunas carpas donde se encontraba gente de Comodoro Rivadavia y de Río Gallegos.- Una de las bombas cayó sobre una carpa antártica que estaba vacía, toda la tierra que salió de ese lugar cayó sobre la carpa de Río Gallegos. El cabo Oliva, que había alcanzado a salir al sentir que gritaba gente, tomó la lona y la rajó con sus manos y los salvó a casi todos… menos a un soldado de marina que estaba alojado,  una piedra le cayó sobre el pecho.-

 Pasados los años viene a Tandil un equipo de futbol invitado por el casino de Suboficiales de un pueblo llamado Alejandro Roca, cerca de Río Cuarto, eran todos civiles, los llevamos a conocer los aviones y luego al parque de Artillería y  en la recorrida había una foto donde se ve una carpa nuestra en Malvinas, y Yo  digo: “ahí es donde murió el soldado de las tres R.”. y uno de los muchachos  me dice: “Ricardo Raúl Romero…” “¿y vos cómo sabes ?” “Porque era mi cuñado”. El mundo es un pañuelo…

SE: ¿Tenían personal de enfermería?

DB: Sí, estaba la gente de sanidad. Yo por ejemplo llamaba a puesto de comando y ellos llamaban a “blanco” (sanidad) y si no uno iba por sus propios medios.

SE: ¿Y hubo más días de bombardeo?

DB: Prácticamente casi todos los días, pero volvamos al 30 de Abril. Esa noche yo había hablado  con  con el jefe de la Batería de 35 mm, un oficial del ejercito Sub Teniente Barry perteneciente al GADA 601 con asiento en Mar del Plata, él venía mucho a mi posición a charlar  e intercambiábamos latas de gaseosas por cigarrillos, aprovechando la oportunidad  le dije lo que me había dicho el Mayor Mayorano que estos hijos de P…. posiblemente a la madrugada ataquen; como ellos estaban equipados  con  radar y para no saturar el material, todas las baterías con radar se dividieron en tres, el cual hacían alerta de 8 Hs cada uno, el de  la ciudad, el de al lado mío y el de Fuerza Aérea en la cabecera de pista; esa noche le tocó a este subteniente. Él más o menos sabía lo que yo le había comentado. Entonces a las cinco de la mañana engancha unos ecos en el radar, y llama su mando directo. Y le dice que tenía unos ecos a 16 millas, o sea unos 25 km. “Espere, ¿no serán nuestros?”, “Ahora a 14 millas. Se vienen, se vienen como a mil ¿qué hago???”, “Espere a ver si son nuestros!”; cuando vos tenés una Batería con radar, éste capta el eco  y automáticamente los cañones apuntan al blanco, vos solo disparás. Si les hubiera tirado y hubiera derribado al Vulcan , hubiera sido como entrar a la cancha ganando  uno a cero. Pero la cosa no fue así cuando quiso tirar ya era tarde, vino el bombardeo, pasó, tiraron, se fueron como si nada.-

A las 07:40 Hs más o menos, avisan por el HT y dicen: “atentos los fierros: incursor en el este”. Lo primero que hace uno es el movimiento de cabeza que es más rápido que el del cañón. Nuestro cañón está dividido en dos partes. Un afuste fijo y un afuste móvil, este último funciona a través de un joystick,  y tiene  una computadora, a la que hay que introducirle algunos datos,  como por ejemplo la velocidad aproximada del avión, pues el avión tiene una velocidad de ataque.  Como nuestro cañones no poseen  radar, uno tiene que verlos visualmente, una vez que vio el objetivo lo introduce en la mira, la (P56) oprime el joystick hacia abajo y el avión queda enganchado, la mira apunta al avión pero los tubos cañones al blanco futuro.

 Nosotros trabajábamos mucho con los chimangos, que planean bastante tiempo, entonces haces mucha muñeca,  entonces viene un avión, bajás los tubos, metés la cabeza, y listo. Entonces cuando nos avisan del incursor, llama: el fierro 6, y dice: “Sobre el faro!”,  yo miro  y veo a la derecha del faro  un montón de puntitos negros, meto la cabeza en la mira y como venían lejos los cuento: eran diez aviones, en el medio del mar, yo me decía “dejalos que se vengan”… a mar abierto es fácil, pero empezaron a virar y se empezaron a meter entre las sierras. Allí nos agarró la desesperación, empezamos  a mirar para un lado y para el otro y nada. Hasta que por ahí veo uno que se descuelga a mi izquierda, le tiro una ráfaga y alcanzo a  ver otro que viene hacia mí, le tiro una ráfaga y se me pierde entre unos montículos de piedra, mientras esperaba que asomara de vuelta; fue una fracción de segundos, el soldado Viano, que no se qué hacía en la calle, me grita que detrás del hangar vienen dos! Yo veo con la mira el filo del techo del hangar, cuando aparece el primero lo que hice yo fue apretar el pedal de disparo… y cuando levanto la cabeza para tirarle al segundo, veo que el primero echaba un humo negro y llevaba un plano medio caído, pasó y cayó en el agua a la altura de la ciudad… así  como me ven: yo fui el primero que derribó un Sea Harrier en combate. Al segundo le tiré a ojo,  según yo era una luz intermitente, que tenía en el plano. Esa luz intermitente era que el avión venía ametrallando, y decí que yo estaba tirando hacia él, por que de lo contrario me hubiera dado a la altura de las costillas.

SE: ¿qué pasó con el segundo?

DB: Pasó de largo y no lo vi más. Después vi a los helicópteros que estaban tratando de rescatar al piloto del primer avión. Estaban más o menos a siete u ocho km.

 Ese día después del ataque nos ponemos a chequear  el cañón, verificar la munición, controlar los niveles, etc.. Veo en la calle una persona vestida de verde con casco, para mí era un militar, mira hacia donde estaba yo, levanta el brazo izquierdo y me grita: “Cuando sientas miedo, rezá”. Me quedé mirándolo y siguió caminando hasta que no lo vi mas… Una noche me faltó que alguien me tocara para salir corriendo, dónde iba a ir no sé. Me acordé de lo que había dicho el supuesto militar, me puse a rezar, desde ese día no sentí más nada.-

SE: ¿Tenías contacto con la familia? ¿Cuánto tiempo estuviste?

DB: Si, el contacto era por correspondencia, estuve 72 días

SE: ¿Podías mandar cartas?

DB: sí, pero todo dependía de la entrada los Hércules.- Casi siempre la correspondencia llegaba a mi posición y personal del puesto comando se encargaba de recogerlas, las metían en una caja para luego ser llevadas al continente.-

Un día a la  la tarde viene el Mayor  Mayorano y me dice: “ese cajón que está ahí es para sentarme yo, y acá al lado, tiene que estar esa botella de ginebra siempre llena”. Venía de la ciudad, preguntaba si había alguna novedad, que tipo de alerta había,  agarraba la botella de ginebra, se mandaba un trago y seguía a recorrer las distintas posiciones. Un tipo extraordinario, volvía después de 3 0 4 horas,  otro trago y regresaba hacia la ciudad…

SE: ¿Hablaban entre Uds. de que iba a pasar?

DB: Si, cuando nos podíamos juntar, que no era muy seguido, el que mas visitaba los fierros era yo.- A mí lo que más me destruyó fue el bombardeo naval, no podes defenderte. Los barcos estaban a 7 u 8 km de donde estábamos. Vos sentías el tercer o cuarto silbido, de esa manera sabíamos que estaban a 7 u 8 km, tiraban en abanico… sabes lo que es una hora así? Es infernal… le pedía a Dios que se acabara… pedía por favor que se terminara… eso te destruye anímicamente, encima estos tiraban de noche pues los aviones no podían atacar.-

 Dentro de mi posición  tenía un refugio hecho con los medios postes que había cortado el soldado Bayo, el de los chocolates con maní, cuando había bombardeo naval, nosotros nos metíamos debajo de el, en caso de  que cayera un impacto directo eso nos mantendría a salvo

El primero de mayo a las cinco de la tarde llega el Mayor Mayorano, el soldado Viano le pregunta: “señor, y esos barcos?” No te hagas problema, pibe, esos barcos son nuestros”, y me dice a mí en voz baja, “si supiera que son de los ingleses”, intercambiamos unas palabras y se va; entonces le digo “Si escuchan algún silbido en el aire métanse al  pozo”. Cuando veo que los barcos, que eran tres, se ponen perpendicular a mi posición; nos metemos todos adentro. Escuchan el primer silbido y salen a ver. Sale primero Viano, Olave y por ultimo Orosco con el Fal entre sus manos. Estando afuera cae el primer cañonazo en tierra.  Se quiere volver, y Orozco se da vuelta y se queda trabado por el fal, y yo estaba sentado adentro y los veía: se ve que querían pasar por encima del fal, yo les decía: “jódanse”. Pero era desesperante, entraron y metían la cabeza debajo de las camas que habíamos hecho… no sabes cómo contrarrestar eso… es desesperante. En una de esas, mientras tiraban en abanico…  yo decía: ‘Dios, pueda ser que vengan aviones’… En un  momento dejan de tirar, me empiezo a asomar, despacito y veo dos helicópteros que estaban haciendo reglaje a los barcos y un poco más allá veo tres Mirage… qué alegría!!! Fue más esa alegría que el nacimiento de mi hijo! Qué alegría!! Y uno de esos pilotos vive aquí en Tandil, que cada vez que lo encuentro le digo ‘cómo anda mi salvador?’.  La verdad que nos salvaron la vida… yo me quede mirando a los Mirage… un avión atacó a las dos fragatas y los otros dos se fueron al barco grande, se levantó un humo blanco y el barco grande se inclinó sobre un costado… desde ese día no atacaron más de día, empezaron a atacar de noche…

SE: ¿Le tenían miedo a nuestros aviones no?

DB: Sí, lo que pasa es que nuestros aviones, desde¿ Río Gallegos a Malvinas tenían un recorrido de 550 Km, entonces debían llevar mucho combustible y pocas bombas  y en caso de encontrarse  con el enemigo debían eyectar las bombas para poder realizar el combate aire aire, ellos podían volar unos cuatro minutos sobre las islas y pegar la vuelta para poder llegar al continente…

SE: ¿Y qué pasó en la rendición?

DB: El 12 de junio me volví yo, cuando aun no nos habíamos rendido. La guerra finalizo el 14.-

SE: ¿Cómo se vuelven?

DB: El 11 de Junio llega el relevo y el 12 a la noche regresamos en un Hércules y el viaje duró unas 4 horas pues volaba muy bajo para evitar el radar de los barcos.

SE: ¿Qué sabían? Sabían que la guerra estaba perdida?

DB: Pasado el tiempo vamos a Comodoro Rivadavia  pues se realizaba una formación donde se entregaban unas medallas y… yo le pregunté al Brigadier Castellano: “si ya sabían que estaba todo perdido por qué hicieron el relevo?”  Y me dijo: “porque ustedes no se iban a rendir”. Y era cierto.-

SE: ¿Ustedes no se movían de la posición?

DB: No, y tampoco querían que nos moviéramos.

 Un día por ejemplo se le pincha la goma delantera a un tractor, entonces viene un oficial de Fuerza Aérea y me pide que saque la goma a si se la lleva a la ciudad, al rato regresa, le cargan la goma y se va;  al otro día viene y nos  deja la goma. Cáanto nos habremos visto? Dos minutos… año 82. En el 2000, o 2002 cae este hombre a la VI Brigada Aérea y pasa a saludar al jefe  del Grupo Base y yo lo veo. Entonces le digo a un compañero: “Este que entró al despacho me llevo a emparchar una goma de tractor en la guerra”; entonces  cuando sale y nos va a saludar a nosotros yo le digo: “usted no se acuerda de mi, pero yo sí de Ud.” y me mira y me dice: “yo a vos en la guerra te llevé  a emparchar una goma de tractor”, “Si Señor Ud tiene razón” (risas).

SE: ¿Y acá lo estaban esperando todos? ¿Acá en Tandil? ¿Cómo fue el relevo?

DB: No, yo estaba destinado en la X Brigada Aérea con asiento en Río Gallegos, nuestros jefes y  compañeros  nos recibieron con mucha alegría, esa noche me fui a mi casa que no había nadie pues mi esposa y los dos chicos estaban en Coronel Dorrego.- Al otro día me levante temprano y me fui a la Unidad pues debíamos operar los cañones que estaban para defender la pista de Gal.- Como a los 20 días de haber finalizado la guerra un avión de Aerolíneas me llevo hasta Bahía Blanca, en colectivo hasta Guisasola y en moto hasta el campo.-

SE: ¿Qué le queda de Malvinas?

DB: Y hablamos de todo esto… lo que sí me queda es que por ahí se cierra una puerta de esas interiores medio fuerte y a mí… me queda la sensación del bombardeo…  pero yo digo que tenemos que hablar , tenemos que sacarlo de adentro…

SE: ¿Con su familia habla de esto?

DB: Sí, sí, casi siempre los Domingos cuando nos juntamos la  familia a almorzar, siempre alguien hace alguna pregunta.-…


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