Entrevista a Arlen Houspanossian (colectividad armenia)

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Secretaría de Extensión-: ¿Cómo vienen usted y  su familia a Argentina?

“Vinimos en 1953. Nuestro punto de destino era Argentina y partimos desde Teherán, la capital de Irán. Somos armenios, de padre y madre. Aunque para los armenios no importa dónde nacemos, sino quiénes son nuestros padres. Mi madre era  armenia de Irán, y mi padre, armenio de Turquía. Mi madre era de Irán porque hace muchos años atrás, en la época en que los persas dominaron a Armenia, se llevaron a Irán a las familias más idóneas en sus oficios, para aprovechar sus conocimientos, y les permitían mantener su religión y costumbres. Mi padre, en cambio, a los 4 años, en vistas al genocidio, hace con su familia el éxodo desde Turquía a Armenia (luego Unión Soviética-URSS)”.

SE-: ¿Recuerda cuál fue el motivo de la decisión de irse?

“A los 14 años, Hagáis, mi padre, por indicación de mi abuelo, viaja a Francia, a Marsella, para encontrarse con su hermano mayor, cosa que no ocurre. Para salir de Armenia debió viajar como si fuera iraní, con papeles persas. Estando en Marsella, sin dinero, hace distintos trabajos, estudia, y vive en una posada de la familia Aznavurián, que era de Charles Aznavur, un pequeño hijo de esa familia. Como tenía papeles persas, las autoridades migratorias lo obligan a regresar a Irán a cumplir con el servicio militar. Hace el servicio militar en Irán y se relaciona con familias armenias iraníes, conociendo así a mi madre. En el año 1941 se casan. De esta unión nacen Arlen y Linda.

Pero con la nacionalización del petróleo en Irán las cosas cambian. Es que mi padre trabajaba en la Compañía La Internacional de petróleo, que era una empresa británica. Ellos trabajaban para los ingleses, en un punto muy alejado, un lugar desértico. Los ingleses habían hecho una especie de barrio para los integrantes más jerárquicos. Entonces vivían en el desierto con la complacencia de algunos lujos de la civilización, como un ventilador o ese tipo de cosas, y casas adecuadas para soportar esas temperaturas. Era un lugar donde no podías salir a comprar nada. Era un reducto donde el aprovisionamiento venía de afuera. Con una avioneta o un automóvil”.

SE-: ¿Tiene recuerdos de eso?

“Sí, absolutamente. Tengo recuerdos muy firmes.”

SE-:¿Qué edad tenía? ¿Era muy pequeño?

“Y yo vine aquí teniendo 7 u 8 años. No me acuerdo muy bien las caras y eso… pero del resto me acuerdo perfectamente. Partimos de ahí, pasamos y nos despedimos de la abuela, la mamá de mi mamá. Ahí conocí a una tía y más familiares de mi madre y nos vinimos para acá. Por supuesto lo que ocurre siempre, el sufrimiento de los hijos cuando dejan a los padres y saben que no van a volver. Y la familia de mi padre estaba en lo que terminó siendo la República de Armenia. Estamos hablando de otro lugar ahora. Eso es la parte digamos de mi madre. Ahora con respecto a mi padre, en algún momento es enviado a Marsella a encontrarse con un hermano que había partido antes a los efectos de “hacer la América” y después llevarse a toda la familia, lo cual era muy usual en esa época, ya que de donde ellos partían las cosas estaban muy mal. No podemos desconocer que muchas de estas familias vienen de sufrir el genocidio, y de ser sobrevivientes de todo aquello. Y mi padre en Marsella no hace contacto con su hermano, nunca supimos por qué. De todas maneras cuando mi padre trata con 17 años hacer algo de su vida, en Francia, conoce gente, estudia, pero tiene la desgracia de ser detectado por las autoridades francesas de migraciones y lo deportan a Irán, que es donde él evidentemente tenía documentación, de donde él habría partido. De manera que él hace el servicio militar en Irán con algunas dificultades siempre por el origen, castigos y demás. Ahí conoce a mi madre y ahí empieza la familia esta en Irán. Incluso la pasó mal porque quiso desertar y le fue muy mal. Bueno, pero nunca oímos de mi padre cosas concretas. Siempre ha sido entre algo que decía y algo que suponíamos porque ha sido un hombre muy triste; era un manojo de tristeza.”

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SE-: Tristeza por haber dejado a su familia.

“Sí, sí, claro. El nunca encajó en este país porque él era uno de esos tipos que debería haber trabajado en Río Gallegos, porque en las petroleras podía dar cátedra. Hablaba cuatro idiomas. Y en su lugar vino acá y se puso de tendero. La tristeza de mi padre se explica, ya que él hizo el éxodo a los 4 años y de lo que vio y sintió en ese momento, nunca comentó”.

SE-: ¿Qué pasó? ¿Cómo vino a la Argentina desde Irán?

“Vinimos de Teherán en avión a Beirut. En Beirut tomamos un buque, y llegamos a Génova, ahí estuvimos más de 40 días esperando el barco Augustus, que nos trajo a la Argentina después de veintipico de días”.

SE-: ¿Y a la Argentina por qué?

“Porque habían pedido visa para Estados Unidos, para Armenia, y para Argentina donde tenía el hermano, que ya lo había detectado acá y bueno, salió Argentina primero y nos vinimos para acá. Allá desde que el primer ministro iraní nacionalizó el petróleo, en Irán, las cosas cambiaron políticamente. Yo había ingresado a una escuela iraní y fui muy maltratado y castigado, solamente por ser diferente, el clima no me sentaba para nada, ese clima tan seco; y encima el tema de la escuela. Y bueno, las cosas no iban bien. Entonces esto los hizo tomar esa decisión. Y aquello pintaba. Bueno, si hacemos historia y la miramos de acá para allá, todo lo que pasó. De todas maneras la llegada a la Argentina fue interesante, fue una cosa rarísima”.

SE -: ¿Estaban esperándolos cuando llegaron al puerto de Buenos Aires?

“Sí, sí, estaban esperándonos. Después de muchas vueltas, porque estuvimos en distintos lugares, donde mi padre, al no conocer, gastó mucho dinero. Se nos ubicó donde todo era un lujo porque había que haber reservado un hotel, gastar mucho dinero, insertarnos en la sociedad. Y al final terminamos en la zona norte de provincia de Buenos Aires, en la zona de San Fernando primero y después en San Isidro. De haber venido con muchas pertenencias (alfombras para vender, etc.) terminó alquilando una casa.”

SE-: ¿Su papá consiguió trabajo cuando llegaron a la Argentina?

“Sí, pero no era mucho trabajo. No era precario pero trabajo haciendo mantenimiento. Después empezó a hacer ventas en las ferias. Mi madre cosía y salía a vender, ese tipo de cosas. Pero no era para ellos. Hacía el esfuerzo pero él nunca fue comerciante.  Y bueno, durante muchos años compraban en Once, vendían en una tiendita en casa, cosas así.”

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SE -: ¿Y los educaron como armenios o como argentinos?

“Como argentinos, era una necesidad, eso fue muy sabio. Bueno, no había posibilidades porque donde estábamos no había escuelas armenias, de manera que hay que entender que se requiere una adaptación. Idioma, porque la idea de la gente era que si íbamos a la escuela aprenderíamos el idioma más rápido que no yendo. Entonces nos mandaron a la escuela, guardapolvos blancos. Mi hermana Linda,  y yo, paraditos ahí en el medio de la escuela sin saber ni hablar. Fue muy duro. E inolvidable porque me dejó marcado para siempre. Porque se repitió la historia. La historia era que allá era maltratado y acá volvía a pasarme lo mismo. Además yo era mucho más grande que los de primero. Y eso era terrible. Después hice cada dos años un año libre y llegamos a sexto grado con los demás. Como correspondía a mi edad, hice un esfuerzo. Todo eso hizo que uno fuera un tipo más raro. Ya después cuando me adecué empecé a cobrarme las cuentas (risas). Cuando cumplí 26 o 27 años tome la decisión de nacionalizarme. Entonces cuando logré la nacionalidad logré también ser parte de algo. O sea yo era de acá, quería tener un pasaporte y me decían: “No, usted es iraní y no hizo nunca el servicio militar”. Se repetía la historia de mi padre. Es más, fui a la embajada y empezaron a los gritos, me querían mandar a Irán. Así que me fui a la miércoles, dije “estos están locos”…(risas); pero no sé, me hubiera gustado ir, verlos, conocer, tengo los recuerdos de cosas. Lo cierto es que al tener la nacionalidad argentina uno podía decir quiero un pasaporte; se acomodaban las piezas.

SE -: ¿En su casa hablaban armenio?

“Sí, sí, siempre. Pero de esto que estoy diciendo, hace 37 años. Cuando dejé mi casa, al dejar de hablar se me fue yendo.  Hace poco recibimos una prima armenia y nadie entendía una palabra, quería hablar por teléfono conmigo y me quedé mudo porque no entendía lo que decía y ella no hablaba una palabra de español. Necesitábamos un intérprete.”

SE-: ¿Cómo le fue a sus padres con la adaptación?

“Mi padre jamás lo logró, y mi madre se adaptó, sufrió,  trabajó como una burra y al final tuvo su recompensa pero de otra manera”.

SE -: ¿Y ella estuvo en contacto con la familia de allá?

“Ella tenía cuatro hermanas y dos hermanos, uno de los hermanos y una de las hermanas habían fallecido. La que había fallecido había tenido una hija a quien conocimos y estuvo acá en Tandil, iraní. Una de las hermanas terminó en España, con una hija en Londres, la otra hermana quedó en Calcuta con un hijo también fallecido. Eso es la familia de mi madre. Mi padre se enteraba de la muerte de sus parientes por cartas y guardaba luto. Recuerdo que cuando lo veía con una franja negra en su ropa, era porque algún familiar había fallecido“.

SE -: La familia de su papá siguió estando en Armenia…

Claro.

SE -: ¿Y ellos habían tenido contacto con él después o no?

“No, no, siempre fue por correspondencia, una vez vino la hermana, siendo una persona recibida, doctora en química. Fue muy emocionante, ahí en Ezeiza. ¡Hacía más de 50 años que no se veían! Era la hermana con el hermano, ahí, a los gritos, se abrazaban, se besaban. Ella no se quería ir…

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SE -: ¿Y con sus hijos mantienen tradiciones?

“El más chico es el que más pregunta y el más grande es el que más averigua. Javier, que es el que está en San Luis, es el que más pregunta, a él le interesa, y me pide que le describa toda la historia dentro de mis posibilidades. Él quiere saber. Alejandro, escucha música armenia y vive en Córdoba. Ambos estudiaron en la universidad y se recibieron aquí en Tandil”.

SE -: ¿Y con la comunidad armenia se han contactado? ¿En Buenos Aires?

Están en contacto, pero por ejemplo, el otro día vino un amigo argentino que tiene un chico estudiando en La Plata, y uno de los amigos del hijo es armenio, descendiente, que se entera por mi nombre y se interesa mucho por mí y me regala un libro escrito por un armenio que escribe con un pseudónimo: Michael Arlen. En homenaje a este escritor armenio, es que mis padres me llamaron Arlen”.

SE -: ¿Por qué se cambió el nombre?

“Si leyeras el libro te darías cuenta por qué se cambia el nombre. Fijate que el chico que me regala el libro, me lo dedica poniendo: “No importa ni dónde nacés ni dónde morís, lo que importa es para quién naces y por qué morís”, que es hermoso. Si vos lees el libro te cuenta… bueno, una historia, y ahí, vos leés que es tal cual somos acá. Este hombre en los ‘30 ha sido muy importante, pero renegaba de su condición de armenio, él quería ser occidental; así es como yo lo interpreto“.


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