Entrevista a Alejandro Gonzalez Balian (Colectividad Armenia)

AbuelosSecretaría de Extensión-: ¿Cómo vienen sus abuelos a Argentina?

“Mis abuelos vinieron de la actual Turquía. La de él era una familia muy bien ubicada, con mucha educación y de cierto nivel político dentro de la colectividad y en el gobierno turco. Pero lógicamente todas estas historias quedaron arrasadas debido al genocidio”.

SE -: ¿Conoció a sus abuelos?

“A mis abuelos los conocí, a mis bisabuelos no. Mi bisabuelo fue asesinado. Mi bisabuela vino a la Argentina pero falleció antes de que yo naciera. Cuando mi abuelo era adolescente sucedió el asesinato de mi bisabuelo en medio de la matanza, según me contó mi abuelo. Él contaba todas las historias cortaditas, nunca un relato completo porque era doloroso y costaba traerlo a la luz. No quería transmitir ese dolor a la generación que venía después”.

SE: Claro, además fue un genocidio atroz.

“Sí. Y como es habitual en ese tipo de situaciones, mataban a los hombres adultos. Mi abuelo era un chico como sus hermanos. A ellos y a su mamá no los mataron, porque se los llevaban al desierto para que se murieran de hambre o en el camino. Pero llegó una especie de perdón, una orden de clemencia hacia la gente que estaba ahí, y pudieron escapar del país. Nada más, la orden de clemencia significaba sólo que podías escapar del país. Sin nada absolutamente. Mi abuelo se quedó a cargo de la familia.

¿Hacia dónde fueron?

A Siria, al Líbano, como hacía todo el mundo, a los territorios que en ese momento estaban bajo la protección de alguna potencia europea. Los recibió una asociación de caridad norteamericana que estaba trabajando con la Cruz Roja, que recogía los huérfanos y los mandaban a otro lugar a rehacer su vida. Después vino a la Argentina y se casó. Mi bisabuela se había quedado con tres hijos y tenían un primo discapacitado. Eran todos más chicos; mi abuelo era el más grande. Era un adolescente, imaginate, buscando cómo ayudar a su familia. Entonces esta organización civil quiso que fuera a Norteamérica, pero él pensaba que tenía un pariente en Argentina.”

SE-: ¿Y ahí  se vino?

“Se vino solo. Se equivocó, acá no tenía parientes, no sabía una palabra de castellano. Así que se quedó aquí y el resto de la familia allá, por esto de abrir punta. Mientras tanto la mamá tenía que cuidar a los chicos, y esperar a ver qué pasaba. Realmente hubo un error, creyeron que tenía un pariente acá. Pero viste esas cosas, en ese momento había tantos refugiados y expatriados de tantos lados…

Él tuvo la suerte de encontrar un judío de origen sefardí en Argentina, que hablaba castellano y turco. Así que le hizo un poco de puente y aquí aprendió el oficio de sastre, a lo que se dedicó acá, nada que ver a lo que estaban acostumbrados allá.”

SE-: ¿Que hacían allá?

“Eran propietarios de tierras, mi tatarabuelo era una persona de cierta influencia… la cuestión es que mi abuelo llegó al país porque recibió un poco de amparo por el nombre de mi tatarabuelo, un político y de mi bisabuelo, un pastor evangélico. Porque hay muchas cosas que se mezclan en la historia. Por supuesto que hay un dolor, una especie de rencor del pasado. Pero él siempre decía que no todos los turcos eran criminales. Incluso algunos turcos le habían dado amparo cuando el gobierno en realidad perseguía a quienes daban una ayuda a los armenios, y lo hacían porque lo conocían a mi tatarabuelo. Esto genera algunos recuerdos un poco ambiguos. Había algunos turcos que no estaban de acuerdo con lo que pasaba, pero bueno, el gobierno llevó a cabo su propósito de exterminio y expulsión. Entonces se vino acá y con esfuerzo trajo a todos. Yo llegué a conocer a su primo discapacitado.“

SE-: ¿Se quedó en Buenos Aires?

“Se quedó en Buenos Aires. Mi abuela vino también por una razón, si querés, fortuita. También ellos pensaron en irse en ese momento hacia Norteamérica. Pero uno de los parientes que tenían sufría glaucoma que era una enfermedad muy común en Medio Oriente, y con glaucoma no podía entrar a Estados Unidos. No pasaba el servicio de migración. Pero le habían dicho que en Argentina no había problema, entonces se vinieron a la Argentina porque podían traer al pariente enfermo. Ellos se vinieron en una situación un poco mejor porque vivían en Alepo. En realidad, sus padres los trajeron acá pero sus abuelos habían muerto en Marash. Porque ellos eran de la zona del sur de Turquía que limita con Siria, y tenían un negocio en Alepo. Ahora, ¿qué pasó? Esa zona estaba bajo protección de los franceses, pero ellos se retiraron inesperadamente y los turcos fanatizados arrasaron con todo. Los únicos que se salvaron fueron los que vieron salir a las tropas francesas de la ciudad. Los parientes que quedaron en la ciudad fueron asesinados en la matanza subsiguiente.

Entonces, el papá de mi abuela que estaba en el negocio de Alepo, le perdió la confianza a las promesas de protección humanitaria de los gobiernos europeos, y vino acá porque también buscaban una tierra neutral, tierra de paz. Y bueno, se vinieron a la Argentina, se quedaron acá e hicieron su vida. Esto muestra un poco también la generosidad del país, ¿no? No rechazó a nadie… “

SE -:¿Y cómo se conocen acá?

“Bueno, sinceramente los detalles no los conozco. Ellos eran personas religiosas, así que sospecho que debe haber sido en la Iglesia, pero ellos no eran armenios ortodoxos. El papá de mi abuelo, a quien habían matado, se había convertido al protestantismo, porque había ido a colegios donde se educó en contacto con misiones norteamericanas que eran evangélicas, al punto que una de las primeras cosas que hizo fue fundar una escuela. También tuvo conflictos con eso.

SE -: O sea que los dos se encontraron como parte de la colectividad en Buenos Aires…

“Claro, eran distintos, porque la familia de mi abuela venía de un ambiente de comerciantes; la familia de mi abuelo venía de un ambiente de dirigentes. Mi abuelo hablaba el armenio muy bien por ser de una familia con excelente educación armenia. Mi abuela hablaba en turco habitualmente. En el sur de Turquía, la mayoría de los armenios hablaban coloquialmente en turco. No era tan común que hablaran el armenio, salvo para algunas cosas especiales. No así mi abuelo, que hablaba el armenio y el turco familiarmente. Mi abuelo mantuvo relación con la gente de la colectividad armenia, leía las revistas locales armenias y se comunicaba o encontraba con paisanos. De hecho, se preocupó que su primo que tenía una discapacidad quedara bajo el cuidado de un hogar de ancianos de la colectividad luego de que se jubilara.

Claro, es como si constituyeran una nueva familia, el origen determinaba una nueva familia.

Y mi abuelo tenía sus gustos artísticos. Él conoció un maestro de música italiano que había tocado en la Scala de Milán y era un violinista en el Colón, y no tenía mucha plata, entonces mi abuelo le hacía todos sus trajes gratis. Lo veía como un artista con escasos recursos económicos pero apreciaba su arte, entonces este maestro de música le quiso agradecer dándole clases a él y a sus hijos. A mi mamá le enseñó piano, a mi tío violín, y a mi abuelo le enseñó violonchelo. Tengo un recuerdo muy bueno de mi abuelo como una persona muy generosa, el sufrimiento no lo hizo una persona cargada de odio, sí de dolor… “

SE -: ¿A vos te hablaba en armenio?

“No, a mí no me hablaba en armenio, le hablaba a mi abuela. Los escuchaba hablar en armenio, y más que alguna palabra yo no entendía lo que decían. Mi mamá sí entendía”.

SE-: ¿A tu mamá sí se le había enseñado el idioma?

“Sí,  a mamá sí, pero no en una escuela. El problema es que cuando mi tío entró a la escuela primaria hablaba muy bien el armenio, pero no el castellano, porque en casa hablaban permanentemente en armenio. La maestra le dijo que tenía que dejar de hablar en armenio y empezar a hablar en castellano. Y ellos decidieron seguir el consejo. Y al hacerlo claramente hubo un poco de renuncia si querés. Ojo, mi abuelo se hizo ciudadano y aún jubilado y con los años que tenía, sentía que era un orgullo ir a votar como ciudadano argentino. Siempre tuvo una gran gratitud hacia nuestro país, porque fue recibido habiendo perdido todo, hasta su patria. Sin embargo, no todo el mundo fue abierto y generoso. Él me contó que había gente que le decía: “Los inmigrantes tienen que quedarse en su país”, y era doloroso porque su país había desaparecido!

SE -:¿Y qué hay de las comidas, la música, esas cosas?

“La comida estaba presente siempre, mis comidas predilectas suelen ser comidas armenias: me gusta el sarma, ese tipo de niño envuelto. Mi mamá siempre cocinó al estilo armenio. Otra cosa que se trasmitía era la familia, la tradición, las cosas que te contaban. Pero siempre estaba empañado por la tragedia, porque no había retorno. Mi abuelo nunca volvió, sabía que algunos paisanos volvieron de visita, y que la casa de su abuelo estaba en pie, y que era uno de los pocos lugares que había permanecido. Yo creo que cuando vino ya no había proyecto de volver“.

SE -: ¿Sus hijos preguntan?

“Preguntan a veces. Es una historia familiar, que se cuenta, que genera inquietudes, pero es una historia que se va trasmitiendo. Mi papá es de descendencia española y su historia es diferente. La historia armenia es un poco dramática. No había que remover mucho porque había muchos muertos. Mi abuela recordando a sus abuelos, lo hacía con una especie de cariño, y de golpe todos muertos, porque fue un genocidio terrible. Venía siempre un momento dulce con un momento amargo.“


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